
La Polinesia Francesa, en el Océano Pacífico, es uno de los destinos más exclusivos del mundo debido a sus increíbles playas, sus aguas de azul turquesa y su privilegiado clima. Tahití es la isla más famosa de todas las que componen el conjunto, pero Moorea y Bora Bora le siguen de cerca en popularidad. Papeete es la capital y la ciudad de mayor tamaño.
Los aborígenes comenzaron a poblar las primeras islas de lo que hoy conocemos como Polinesia Francesa en el año 300, y no fue hasta el siglo XVI cuando se produjo la llegada de los primeros europeos, por lo que las tradiciones ancestrales tienen un fuerte peso en la cultura de las islas. Los grandes hoteles y resorts de lujo han sabido compaginar su actividad con el respeto al medio ambiente.
El origen de muchos de los archipiélagos es volcánico, lo que ha generado verdaderos paisajes de cuento, en los que se recomienda realizar rutas de senderismo para apreciar con mayor detalle su naturaleza. El Volcán UaHuka, en las Islas Marquesas, es un referente sísmico y tiene en torno a él una flora y fauna propias. En el Archipiélago Tuamotu se aconseja asistir al curioso fenómeno denominado ‘granja de perlas’.
El clima, con una media de 26 grados durante todo el año, facilita que la vida, diurna y nocturna, se disfrute en la calle. Es habitual practicar el buceo en lugares como la laguna de Bora Bora. Respecto a la gastronomía, en muchos platos son ingredientes fundamentales el coco, las verduras y las frutas.
Alquilar un coche se hace imprescindible para conocer las islas, ya que muchas de ellas no cuentan con servicios de transporte público.
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