
Gales, en el oeste de la isla de Gran Bretaña, es un interesante destino de viaje por su conjunción entre una naturaleza exuberante, que permite disfrutar de inolvidables paisajes, y un patrimonio cultural igual de sorprendente. Tanto si se busca entrar en contacto con el medio ambiente, como si lo que se quiere es descubrir una cultura milenaria, conocer Gales siempre es un placer.
El país ha pasado en las últimas décadas de depender de la explotación y venta de materias primeras, en especial el carbón y la pizarra, a estar en primera línea turística por su enorme diversidad.
Cardiff, ciudad más poblada del país y capital desde 1955, es un apasionante lugar repleto de historia. Su célebre Castillo, la Catedral de Llandaff y el centro, repleto de casas de estilo victoriano, retrotraen al visitante a tiempos pasados. Su Museo de Bellas Artes compite en obras impresionistas con el de París.
Gales es tierra de fortalezas y castillos, como los de Bodelwyddan, Beaumaris y Powis. Tanto los Castillos y murallas del Rey Eduardo en Gwynedd, como el Acueducto y canal de Pontcysyllte, están reconocidos como Patrimonio de la Humanidad.
La cultura celta es omnipresente en la forma de ser galesa y en sus manifestaciones folclóricas, desde la vestimenta tradicional a la música, en la que predominan la gaita y otros instrumentos de viento. En la mesa tienen protagonismo los estofados de carne, que se guisa con puerros, así como el queso y un gran número de pescados. No pueden faltar ni la cerveza ni el excelente whisky.
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