
La capital de Polonia es su ciudad más grande y el gran referente económico y cultural del país. Con una historia apasionante a sus espaldas, conserva un patrimonio artístico que merece la pena visitar durante varios días. Destruida en gran parte durante la II Guerra Mundial, supo reconstruirse y hoy combina lo tradicional con lo vanguardista sin perder un ápice de personalidad.
La ciudad vieja, cuyo conjunto forma parte del Patrimonio de la Humanidad, gira en torno a la figura del Castillo Real, antigua residencia de los duques de Mazovia que se levantó a finales del siglo XIII. En contraposición, la llamada ciudad nueva, con edificios modernos, siempre cuenta con un gran ambiente y es escenario de actuaciones y conciertos.
Los habitantes de Varsovia tienen una relación de amor-odio con el Palacio de la Cultura, un regalo de Stalin al pueblo identificado durante muchos años con la opresión soviética. De cualquier modo, siempre asombra a los turistas por sus 231 metros de altura y su robusto aspecto. Desde él se logran las mejores vistas de la ciudad. El Palacio de Wilanów, de estilo barroco, y el Barrio de Praga congregan a los visitantes que desean ir más allá de los monumentos obligados en la ciudad. Los amantes de las compras y los mercadillos se encontrarán como pez en el agua en las calles Chmielna, Jerozolimskie, Nowy Swiat y Marszalkowska.
Para conocer la cultura local, nada mejor que acudir al Museo Nacional y al Museo Judío. La ciudad rinde homenaje a uno de sus hijos ilustres con el Museo de Frederic Chopin.
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