
Oporto es mucho más que la segunda ciudad, en importancia, de Portugal. Muy diferente a la capital, Lisboa, la ciudad que ve desembocar al río Duero en el Atlántico es un marco incomparable en cualquier época del año. Su gran patrimonio histórico-artístico solo tiene parangón en la amabilidad de sus gentes y en su destacada gastronomía, con sus vinos como emblema.
Ubicada en el norte, la ciudad cuyo nombre deriva de la palabra ‘puerto’ conserva una esencia tradicional que la hace muy atractiva. Sus bellos puentes son una de sus peculiaridades. Los más bonitos son el Ponte Maria Pia, el Ponte Luiz I, el Ponte Pensil y el Ponte das Barcas, el más antiguo. El centro histórico es Patrimonio de la Humanidad, y pasear por sus estrechas calles permite descubrir la Catedral, el Palacio Episcopal y el Palacio de la Bolsa.
Si hay un monumento con el que se identifica la ciudad, es la Torre de los Clérigos, construcción del siglo XVIII que se emplaza en pleno casco antiguo. También sobresalen el edificio del Ayuntamiento, de grandes dimensiones. Una visita curiosa es la que se puede realizar a la Librería Lello e Irmao, en la que se rodaron escenas de las películas de Harry Potter.
El Museo Nacional Soares dos Reis, la vanguardista Casa de la Música y la Casa del Infante, que alberga un museo medieval, son tres centros culturales imprescindibles en el día a día.
A la hora de hablar de Oporto, hay que situar su producción de vinos entre las mejores de Europa. Con variedades blancas y tintas, las vides de la zona ofrecen caldos muy aromáticos, con un característico toque dulce. Muchas bodegas se pueden visitar, como si de museos se tratase.
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